Blockout
Blockout
Miró
el reloj. Por la hora ya era de día. Las chicharras hacían sonar un
serrucho intermitente - uff -
La puerta de la cocina seguía
cerrada.
- tengo que entrar a lavar los cubiertos y el plato
-
Los conservaba envueltos en film - así no se contaminan -
Los
había limpiado con alcohol, en pandemia se había hecho una
costumbre
- además necesito ir a la heladera a buscar comida
-
Programó como siempre mentalmente, cada una de las acciones
a realizar - lo indispensable y lo más rápido posible -
Todas
las puertas y ventanas tenían burletes y mosquiteros. La que daba al
fondo la dejaba siempre cerrada.
- Y también tengo que darle
más agua a Chispa -
El aire acondicionado, junto con la cortina
blockout, mantenían el living bastante fresco.
Cuando abrió la
puerta de la cocina el calor lo sacudió como una trompada. Le empezó
a arder la cara. Se sintió atacado - ¿qué está pasando? -
Se
tapó la cabeza con la remera, le había cortado orificios para los
ojos - para mirar sin ser visto -.
Ahí fue que pudo ver "
una marejada" de bichitos minúsculos. Le pareció que le
entraban en los oídos y agujeros de la nariz. La comezón le erizó
los vellos de todo el cuerpo. Eso le dio miedo y algo de placer a la
vez.
Observó en dirección a la entrada de luz. La puerta del
fondo estaba abierta. En el umbral Chispa lo miraba pidiendo ayuda y
ladraba bajito - ¿cómo entraste Chispa? - le dijo en voz alta -
afuera hay menos bichos que adentro -
Y se decidió, porque no
había tiempo que perder. Agarró a Chispa del collar y salió
corriendo con ella - ¡vamos!-
Se lanzó a la pileta con la
boxer - qué boludo soy había dejado la puerta sin llave -
- y
tampoco compré el alambre tejido más finito -
Nico había
tenido en cuenta algunas señales y advertencias. Nico repetía hasta
el cansancio - el tema del cambio climático es una moda de los
ambientalistas -
Lo que Nico no sabía es que los insectos lo
seguirían al agua de la pileta.
El tema de los bichitos se
había vuelto "algo transcendente".
Su
novio, antes de irse a vivir a una zona fría, le dijo que podía
pasar cualquier cosa - no le creí – rumiaba, mientras Chispa le
lamía la cara. Ella lo hizo salir de la pileta y lo empujó a volver
a la casa. Por suerte los bichitos no reaccionaron enseguida y
quedaron casi todos afuera. A los demás los mató con la raqueta
electrónica, esa sí tenía agujeritos milimétricos - fui previsor
cuando la compré -
- lástima que no compré esa lona entera
para tapar toda la pileta -
Le daba vueltas en la cabeza la
frase de Darío antes de irse:
- no entendés nada, sos alguien
con poca trascendencia -
Había escurrido la malla mojada en la
pileta de la cocina. Se paró debajo de la ducha de servicio con
Chispa - la pensaron bien la casa mis viejos-
Después se secó
y secó a la perra. Volvió al living. Se sentó en el sillón a
mirar televisión con Chispa a sus pies - listo ya está todo cerrado
ahora puedo descansar -
Una lágrima quiso asomar. Nico la
bloqueó - no me sequé bien-
Nico se despertó en el sillón, la tele seguía prendida. Se sentía amoratado en el cuerpo y en "el cuore"
- no puedo
más-
Chispa
dormía en el piso. La casa callaba como siempre. Había
silencio como desde toda la vida en el barrio.
Vio
el vaso y la botella vacía. La ausencia le pegó en la frente y en
el estómago.
Se levantó y fue a
la cama.
Estaba solo.
- Amor
de
día y de noche
dejo tu almohada
junto
a la mía
y nos veo
en
plural
vos y yo
nosotros -
-
No. No voy a seguir con esto -
-Es el vino no voy a
dejar que me pase. Darío se fue y a otra cosa mariposa -
Prendió
el celular y se puso a jugar al solitario.
Pero
Nico
no podía dejar de pensar aún
en sueños.
-
El agua no te llevó. La intensidad de la tormenta no fue suficiente.
Y vino un rayo grande que me despertó.
-
Me decías porque yo
soy
Darío. No te voy a llamar Nico porque te llamás Nicolás. Un nombre
enorme de zar. Y también decías, yo
soy
Darío como Rubén el poeta.
-
Y yo te extraño pero no te lo voy a decir. Porque yo puedo acarrear
el dolor. Porque vos te fuiste porque quisiste. Y ahora no te
necesito. No necesito nada.
Chispa
ladraba
inquieta
y
lo
llevó a la ventana. El
viento hacía
que se
golpearan
los vidrios y los marcos. El viento del río había llegado.
-
Además al zar lo asesinaron.
Y
Darío
le respondía
que hablaba del otro zar Nicolás - el que era el abuelo o bisabuelo.
A ese no lo mataron -
-
Pero
no
quiero recordar. A mí ya no me interesan más sus historias.
Y
de pronto, la habitación quedó en penumbra - se cortó la luz -
Buscó la linterna en el cajón de la mesita - demasiados días de
calor esperando la lluvia -
En
el cielo gris oscuro, los rayos parecían enojados y empujaban una
muchedumbre de nubes. Nico observaba atraído y también inquieto -
¿vendrá una crecida con la sudestada? Y
veo
tus ojos reflejados en nubes te veo en las nubes pasajeras -
El
agua de lluvia había comenzado a colarse por la ventana.
Entonces
se dio cuenta que estaba descalzo. En realidad Chispa y sus pies le
avisaron que el piso estaba mojado.
En
el baño había quedado un toallón de Darío - yo se lo regalé y se
lo olvidó -
Lo
colocó en el piso sobre el agua - es el mejor toallón es tan grueso
que va a absorber todo -
Decidió
poner el celular en ahorro de batería. Se sentó en el borde de la
cama. Con la linterna apagada siguió mirando el cielo - parece una
pelicula de terror de esas que veíamos con Darío en el
cine.
Todavía
le daba vueltas en la cabeza la historia del zar asesinado. Le corrió
un escalofrío por el cuerpo
- menos mal que tengo a Chispa.
En
ese momento escuchó el sonido de una puerta que se golpeaba - ¿o
son golpes en la
puerta?
Nico
se levantó despacio.
Sin
hacer ruido se puso las crocs
blancas.
Caminó hasta la ventana, el celular en el bolsillo del
joguing
y la linterna apagada en la mano.
Miró afuera de la casa – no se ve casi nada – corrió las cortinas dobles, de raso bordó una, blockout la otra.
- Tengo que llegar a la puerta de entrada -
Los golpes seguían pero con menor intensidad. A medida que iba caminando sentía que se acercaba a ese sonido que lo inquietaba – tengo que agarrar el martillo -
Así lo hizo. Era un martillo antiguo que guardaba colgado en la pared sobre la chimenea. Además tomó también el atizador - por suerte veo como los gatos en la penumbra . Mi vida es una serie de suspenso -
Nico llegó a la puerta. Pegó el cuerpo y también los oídos a la madera. Casi enseguida, escuchó un tremendo golpe contra la reja perimetral cercana a la calle.
No podía pensar. No encontraba la manera de desplegar esa costumbre suya de programar cada acción
- con eficacia y rapidez -
Iluminó el espacio que lo rodeaba - acá parece que todo está bien -
Se sentó en el sillón cercano a la entrada y decidió esperar. Dejó el martillo y el atizador apoyados en la pared de al lado
– Por suerte le hice caso a Darío y en esta ventana no puse blockout –
Darío argumentó - que la casa tiene el porche. Y que el porche con sus paredes de piedra y el techo de tejas, nos da privacidad y sombra -
Nico no vio salir al vecino llevando un farol de luz de emergencia. Pero sí vio la luz reflejada en las paredes. Escuchó un sonido – parece una chapa arrastrada por la vereda, claro cómo no se va a volar si es un desastre la casa que tiene -
La tormenta estaba amainando. Ya faltaba poco para la salida del sol, la claridad se hacía presente. Nico respiró aliviado. En ese momento vibró el teléfono en su bolsillo. Lo sacó y vio la pantalla de inicio, esa foto de él con Darío en el malecón de Miraflores.
- Ojos mentirosos -
Y sí. La foto donde se los veía a los dos, con sus bicicletas, y riendo. La vista del Océano Pacífico detrás. Nico recordó esa jornada de felicidad completa, los tragos con pisco y la piel bronceada de Darío. Todo eso en un instante, como un flash de frescura y paz
- “juventud divino tesoro ya te vas para no volver “, así recitaba el poeta, decía Darío -
– y yo soy casi un viejo, sentado sin compañía, en el diván donde antes nos sentábamos a mirar el fuego -
La vibración del celular lo devolvió a la realidad. Nico abrió la aplicación de whasapp vio que tenía dos mensajes uno era de su hermana - seguro para preguntar si tengo luz - .
El otro nombre lo sobresaltó. Era un mensaje de voz de Darío.
Nico
se queda mirando absorto la pantalla. Y se pierde en su laberinto: -
A
veces esta casa/la siento tan ajena/No sé si la habito o si es mi
cárcel - Se dice a sí mismo, con
la vista clavada
en el hacha de Darío, colgada al lado de la marca que dejó el
martillo. Y desvía la mirada - los pensamientos oscuros me dan miedo
-
Antes,
hubiera querido escuchar el mensaje de voz de Darío y no pudo. Oyó
la voz de él y lo puso en pausa. Porque el corazón le galopa.
Porque siente ganas de aullar, ganas de lanzar un aullido al aire, a
ver si así logra respirar, si logra acompasar los latidos que le dan
tanto pánico.
Busca en el bolsillo la pastilla que le recetó el médico. No la encuentra - tengo que tranquilizarme como pueda- . Intenta inspirar y largar el aire como en yoga. Intenta no pensar en los latidos. Intenta y cierra los ojos. - ¿me estoy muriendo?
Nico
siente
clavada, en
la garganta, una
espina que hiere, que le
cierra
la glotis. Se queda casi sin aire.
De
pronto, vuelve la corriente eléctrica y la alarma empieza a sonar.
Chispa ladra y lo empieza a lamer. Nico no escucha nada, siente frío
en los huesos y piensa – estoy muerto -
Hasta
que se da cuenta que escucha su propia voz; él está gritando, él
está aullando y está vivo.
Darío
mientras tanto, sigue esperando una contestación que no llega. Y
porque
vio las dos rayitas azules, sabe que Nicolás miró
el mensaje.
Y
espera la respuesta que no llega.
-
No
lo escuchó -
Entonces
“por las dudas” escucha lo
que grabó:
"Nicolás
la distancia no es el olvido. Me olvidé algunas cosas pero a vos no
te puedo olvidar. A vos Nicolás no puedo. Quiero viajar para allá.
¿Vos
querés verme?
Necesito
tu respuesta. Te extraño mucho."
La
alarma no deja de sonar.
Nico
se esfuerza en
levantarse,
quiere pararse y se cae. El celular cae
con él y el vidrio se
rompe
contra el piso. Chispa ya no ladra. Sólo se queja bajito,
muy bajito.
Alguien
golpea con fuerza la puerta.
-
Chispita no llores. Vos no tenés la culpa.
Y Chispa se va quedando callada
con las orejas paradas.
- Yo me siento vivo. Y ahora voy a vivir
con ganas de nuevo.
En ese mismo momento, se escucha un tintineo
de llaves. Alguien abre la puerta. Alguien entra. Deja de sonar la
alarma.
Chispa mueve la cola.
Está
mirando a la persona que llega.
- ¡Nico.
Nico!
¿Nico
estás bien ?
En
voz alta, dice
Lucía la hermana de Nico.
Nicolás
está
en el piso con los ojos entornados y no responde.
Nicolás sólo ve un mar azul.
Lo bueno de ciertas cosas es que son un misterio.
Teresita
Sibemhart
Abril de 2023
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