Billetera

Billetera

Hubo momentos en los que dudó

.- ¿ Había sucedido o era una fantasía provocada por la soledad?

En un delgado espacio entre la pared y la mesita del bar había visto algo de color oscuro. Un sobre, una funda de celular, un cartón - ¿qué es? -

Miró hacia todos lados. Nadie lo miraba. Todos estaban absortos en ese televisor encendido que pasaba noticias aburridas o truculentas.

Algunas personas conversaban en voz baja.

Le gustaba ese lugar porque podía leer sin interrupciones. Y también, a veces, surgían ideas para escribir, mientras miraba el bar, la calle y las actitudes de la gente.

Fue corriendo la mano hacia el borde de la mesa, y retiró, con cautela, el objeto oscuro. Era una billetera de cuero, bastante gastado, parecía de hombre. La deslizó sobre el libro abierto, por las dudas, para taparla. Casi no había plata. Sí, había varios tickets de compras. No reconoció los nombres de los lugares. Encontró una tarjeta de crédito, vio que la fecha estaba vencida.

Siguió revisando. Por fin, encontró un documento de identidad. La foto le resultó familiar.

Lo recordó. Sí. Sabía quien era. Lo había conocido en las asambleas del 2001 – uno de los que más hablaban y aportaban ideas y discutían - Siempre con ideas de cambios profundos. - un tipo con un discurso muy combativo, qué se vayan todos los políticos tradicionales -

Hacía montones de años que no lo veía. No tenía el teléfono – ya ni lo tengo en los contactos -

Miró el celular y buscó el nombre en internet. Lo encontró y también, con paciencia, encontró el teléfono – le voy a alcanzar la billetera y de paso nos vemos - Tenía ganas

qué habrá sido de su vida-

Lo llamó y atendió una voz solemne y distante. El tipo le dio un dirección.

Era en el centro. Cuando llegó creyó reconocer unas oficinas.

El hombre, muy bien trajeado, no le dio las gracias. Dijo – la perdí hace tiempo, ya no sirve para nada - Y le contó que era asesor de un político que había sido parte del gobierno antes del 2001 .

El hombre, se sacudió el sopor, abrió los ojos, levantó la vista y vio al mozo. Decidió seguir escribiendo.


Teresita Sibemhart




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