La cursiva

 

 
La cursiva
Andaba dando vueltas cerca del mar y no lo sabía. Tampoco lo sabían mis padres, entonces, de luna de miel en una playa de la costa.
Un día mamá dijo, que empezaban a caerle mal, los mariscos, la leche y el puré de papas. Como no tenía un atraso, ni a ella ni a nadie, se le ocurrió que estaba embarazada. El único, fue el médico del barrio - la conocía de chica -
En esa época no había ecografías, el doctor se jugó y dijo -No es estomacal. Está embarazada-
- No puede ser - dijo mi abuela - No tan pronto. No -
La cuestión, es que así fue nomás y comenzaba mi historia. Por suerte, nací nueve meses y ocho días después del casamiento, sino, que flor de ruido con la fecha.
Así las cosas, creo recordar, aunque dicen que es imposible, haber tomado la teta de mi mamá hasta los once meses, cuando supo que estaba embarazada de nuevo. En esa época, era así, el obstetra le dijo: - No puede seguir - Es decir - dándome de mamar, a mí. Justo a mí -
Y ahí empecé con las arcadas, cuando me daban leche de vaca o puré de papas. Vivíamos cerca de la plaza de Pappo capaz , nos cruzamos, algún día. Ahí me senté arriba de un hormiguero y dije al año - Acá pica - Mamá y papá, no habían visto las hormigas -Ellos se miraban -
En menos de tres años, nacieron una hermana y un hermano. ¡Uy! qué celos tuve, hacía berrinches y era insoportable con la comida. Mi papá Juan, había estado con Perón en la Secretaría de Trabajo, antes de casarse. Se recibió de profesor y mamá Ana María era maestra, se conocieron en la Facultad de Filosofía y Letras.
En “la Libertadora”, lo echaron a mi viejo, de casi todos sus cargos docentes, todo se dio vuelta del revés. No terminé Sala de 5, porque iba y vomitaba . Qué nena tan complicada era.
La casa estaba llena de libros y yo dejaba marcas, dibujos, frases en imprenta, en esos libros. Entré a primer grado, yo creo que sabía leer y escribir, pero cuando, la maestra dijo que había que escribir en cursiva, nombre y apellido completos, sentí que mis dedos se habían congelado, mi nombre es demasiado largo. Y ahí empezaron los ejercicios con cursiva, siempre me acuerdo y para colmo, después, con la lapicera de tinta, se me escapaban manchas en los renglones. No era una alumna prolija, pero sacaba muy buenas notas, charlaba en clase y cuando terminaba la tarea, me aburría y caminaba por el salón y seguía charlando, paseando. Iba a la Escuela pública, un turno, la pasaba bien ahí, en casa y también en el barrio, con sus idas y venidas, en casa, nunca sobraba plata. Me divertía, en carnaval, en la fogata de San Juan, con bicis y escondidas, qué lindo era jugar en las veredas.
Un día, me cambiaron al colegio de monjas, al principio, estuve muy enojada, no me llevaba bien con el uniforme, el olor a incienso, las monjas y muchas compañeras que me miraban de arriba. Pero bueno, hice el secundario, al final bien, con un grupo de amigas, las demás, alguna vez las volví a ver, mejor olvidarlas. Para entonces, ya éramos dos hermanos y cuatro hermanas, como ahora. Me recibí de maestra, enseñaba, escribía, agarraba un libro y no dormía hasta terminarlo. Memorias de una joven formal, El extranjero, Lorca, Neruda, Cien años de soledad, Cortazar, Borges. El cine, Los compañeros con Mastroianni, librerías, calle Corrientes, cafés, facultad, militancia y el amor.
Mi amor, compañero, amante, mi cómplice y todo. Éramos tan jóvenes y dijimos - Nos casamos - Hasta tuvo que firmar mi viejo -
Llegaba la esperanza con el gobierno de Cámpora.
La historia sigue y se quiebra en mi tercer embarazo, Paula y Bili chiquitos y venía María Laura. A mi compañero, mi amor, lo echaron de Gas del Estado durante el Golpe Militar. Yo seguí con mi trabajo en un lugar privado y cuando iba en el subte lleno, me asfixiaba. A Laura, aún ahora, sigue sin gustarle viajar en subte y le falta el aire. En mi cuerpo, todavía está todo, sin grises.
Por fin recuperamos la democracia - cantando al sol - Nació Juan, dejé ese trabajo y más adelante, volví a estudiar con tanta alegría. Tres años después retorné a la docencia. Habiendo pasado tantos años, al fin, volvía a hacer, lo que más me gustaba en lo profesional.
Y por suerte, mi vida siguió y sigue girando, porque todavía tengo pajaritos en la cabeza y me rodea esa gente querida, que puede ser feliz, andando por los techos en horas inauditas.
Pienso, todo el tiempo, que me duelen tanto muchas personas que no están y no puedo abandonarlas y las extraño. Mamá cocinaba arroz con mariscos y me encanta comer mariscos. El mar sigue siendo mi lugar y un misterio, que no sé, si llegaré a develar.
Aún pienso que quiero saber más y en estos momentos de pandemia, me enoja, que todas las bibliotecas del mundo, no me alcancen y no alcanzan.
En la penumbra, vuelvo a escribir, estos días, creo que es una manera de sujetarme a la vida. Cuando oigo decir, "en la gloria de Dios rodeada de todos los santos", para mí, es una leyenda, pero entiendo que haya personas que lo sientan. Es que no soy una persona resignada y sigo caminando entre preguntas. Me queda el amor junto con las preguntas.
 
Teresita María de Luján Sibemhart (así de largo lo tuve que escribir en cursiva)
Julio 2021

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