Cuadro


Hilvanaba en colores pastel la tela. Cada diminuto cuadrito, trazado con exactitud, tenía un tono preciso. Era su pincel ligero como una pluma.
El hombre cumplía un mandato, sin ver el conjunto de la obra.
Así, durante días, meses y años siguió pintando.
Cuando llegó a cubrir cada punto de la superficie, contempló  la imagen y le pareció conocida. Un niño y una mujer abrazados en el agua, cerca de una costa.  Entonces recordó su país natal, el cruce del Mediterráneo, el miedo, la tristeza y cómo su madre lo había salvado.
La extrañeza era la trama del cuadro.

Teresita Sibemhart
Marzo de 2022

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